Existen jugadores que están nacidos para jugar en la NBA. Bestias de la naturaleza esculpidas con pequeñas dosis de talento. Sabedores de que solo el entrenar más que ninguno los llevará a lo más alto. Thomas Robinson, jugador del actual subcampeón de la NCAA, los Kansas Jayhawks, es uno de ellos.
Su progresión en el mundo del basket es un ejemplo de madurez, constancia y sacrificio. Ha sabido esperar su turno, su momento. En su etapa de High School estuvo en la Brewster Academy donde sus dotes defensivas y su físico lo elevaron hasta los 16 puntos, 13 rebotes y 5 tapones por partido.
Su etapa universitaria fue dura, lesiones, pocos minutos al inicio y la desafortunada muerte de su madre. En esos momentos en la que la vida le daba un golpe tras otro demostró su fuerte mentalidad. Y siguió luchando, siempre con el recuerdo de su madre. Su primer año en Kansas tan solo tuvo una media de 7 minutos partido.
